Por: Mario Ernesto Almeida

Putin y Erdogan han vuelto a hablar por teléfono. A cada rato lo hacen, según consta en los ecos de la prensa internacional. Esta vez, el cuchicheo en la línea Moscú-Ankara versa en torno a la reciente “bronca” entre Azerbaiyán y Armenia. 

Turquía es el vecino majadero de Oriente Medio. Se las pasa parado en la esquina marcando territorio. Lo mismo sonríe que gruñe, pero siempre insiste en ser tomado en cuenta, hacerse ver.

Por aquello de vivir en la frontera, intentó por muchos años integrar las filas occidentales. Sin embargo, la realidad le ha propinado varios baños de agua fría. Europa la utilizó pero nunca permitió que se convirtiese en una de las estrellas de su círculo. 

Lo que llenó la copa resultó el intento de golpe de estado en 2016, donde el viejo Erdogan vio cómo sus “amigos” europeos, e incluso Estados Unidos, volteaban lentamente la espalda. Aquello olió raro. 

“Primero muerto que sencillo”, quizás pensó RecepTayyip… y demostrando que, para un turco, traición y neutralidad pueden rozarse en semántica, sacó la lengua a sus viejos aliados y comenzó a lanzarle besos a Rusia. “Me la haces, te la hago”.

Desde entonces, entre los camaradas rusos y los del este del Mediterráneo, han llovido regaños, apretones de mano, instigaciones, compraventas de juguetillos militares, amenazas… pero cuando “la cosa” se pone fea y ambos quieren mantener sin rayones el blindaje, se encierran en un cuarto y, como buen matrimonio tóxico, resuelven los problemas a oscuras.

A raíz del intento de golpe de estado de 2016, la política exterior Turca se acercó a Rusia (imagen tomada de Open)

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La administración del presidente de Colombia, Iván Duque, será juzgada en Bogotá. Hasta la fecha, se le imputa “el asesinato de líderes sociales, indígenas, campesinos, exguerrilleros, así como el incumplimiento de los acuerdos de paz”, poema que, de tanto repetirse, cada vez suena más como retórica que como gente que muere, sangre, llanto, plomo…

El proceso no servirá de nada, puesto que ni siquiera será legal. Además, los magistrados de la América nuestra, desde un tiempo hacia acá, se entretienen en casos más interesantes. Los indígenas del país –atravesados de mala muerte, ¿por qué no acaban de morirse todos?– han apostado por un juicio simbólico. 

Como el señor Duque es un tipo demasiado excelso para estar perdiendo tiempo con “indios”, no ha querido dar la cara. Los representantes de la minga indígena y campesina han insistido en llevar su movilización hasta la capital, para ver si “el presi” asoma la testa.

Se irán por donde mismo llegaron, no cabe duda. Si se pasan de incómodos, la policía se hará cargo. Duque continuará enarbolando sonrisa limpia ante las fotos y poses de tipo culto y diplomático para, cuando le toque, entregar el poder a otro… de manías iguales o peores. 

Los indígenas colombianos piden al Gobierno de Iván Duque responder ante pésima gestión (imagen tomada de El espectador)

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Este 18 de octubre, manifestación mediante, los chilenos celebrarán el primer aniversario de su histórico estallido social. 

Para que la paz y la tranquilidad “reinen”, el director general de Orden y Seguridad, Ricardo Yáñez, ha prometido públicamente que cerca de 40 mil carabineros estarán en servicio durante ese día a lo largo del país.

Asimismo, se creará un sistema de escuadrones que “en vez de funciones disuasivas, tendrían el rol de ir a golpear directamente a manifestantes (…) Llevamos meses preparándonos para esto”, sentenció.

Ante las “amistosas” declaraciones de los militares, invaden las preguntas… ¿Nos sorprenderemos otra vez? ¿Seguirá habiendo por qué luchar? ¿Estarán solos estedomingo los estudiantes? ¿Cuáles serán sus armas, sus banderas? ¿Qué dirán sus pancartas, sus sábanas, sus rostros y cuerpos pintados? ¿Habrá más llantos que gritos, menos gritos que golpes? ¿Habrá plomo en los cartuchos de goma, veneno en las cisternas de los camiones? ¿Nos volverán a sacar los ojos? ¿Tendrán que volver a salir para pedir disculpas?

Todos se preparan para celebrar la fecha. Cada cual lo hará a su modo y desde su trinchera.

El próximo domingo se cumplirá un año del estallido social en Chile (imagen tomada de Diario de La República)

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