Agustín Fernández Arner, profesor emérito de Economía de la Universidad de La Habana, es perezoso para escribir y titubea ante las hojas en blanco. Pero, cuando está al frente del aula, sabe enfrentar las dificultades físicas. Las gafas negras que usa a diario no logran ocultar su grandeza: es de esos hombres que se agigantan con las acciones del andar cotidiano.

Aunque a nuestro encuentro faltan la regleta, el punzón y la cartulina, están presentes las ganas de vivir de Agustín. Entre las canas que dibuja su cabello con ocho décadas de existencia, todavía persisten mechones negros. Su piel blanca ya exhibe algunos pliegues por el paso de los años, la columna un poco curva también es muestra de la vejez; pero la hipersensibilidad de sus dedos permanece intacta y lo ayuda a planificar las clases.

Con la hipersensibilidad de sus manos y el sistema de los puntos en relieve, este hombre octogenario logra afrontar las dificultades físicas

Desde su nacimiento, en Guantánamo, ha tenido la necesidad de mirar la vida a través de los puntos en relieve. El sistema braille llega a él a los 9 años de edad mediante la emisora radial Cadena Azul. Sin embargo, la ceguera no ha interferido en su desarrollo intelectual. Gracias a las lecturas de su mamá Enma, “tenía un arroz con mango en la cabeza, pero sabía un montón de cosas”.

Páginas sonoras

La radio no ha faltado al lado de su cama porque, como confiesa, era el entretenimiento favorito –ahora unido a la computadora–. Con la falta de visión, no lo dejaban jugar en la calle y se dedicaba a escuchar las críticas a los gobiernos auténticos de aquella etapa. De ahí su inclinación hacia la Historia, carrera que estudió antes de llegar a la Filosofía y especializarse en la Economía Política.

Mi madre quería que yo estudiara y llegamos a La Habana el 5 de marzo de 1952 para ir a la escuela Varona Suárez, de Marianao (de enseñanza primaria y secundaria para ciegos). Me pusieron en cuarto grado y la directora me dijo: El próximo lunes ya viene con todas sus cosas. Me llenaron los papeles, todo perfecto para empezar, era becado. Pero ese día no pude ir a la escuela. El lunes fue 10 de marzo, jajaja…

Para los estudiantes, el profe Agustín –como lo llaman–, es un ejemplo a seguir: Nunca falta a un turno. Solo se vale del método oral para entregar su conocimiento. No lee, ni utiliza “Power Point”. Siempre se preocupa por el desempeño de sus aprendices y los reconoce por la voz, es la manera de definirlos.

Este hombre octogenario prefiere la música de concierto. Consume con frecuencia la emisora CMBF Radio Musical Nacional. Su esposa Ida destaca con orgullo la capacidad del profe para encontrar la segunda voz melódica y no olvida que, en 1958, ganó un concurso relacionado con la identificación de la obra de Ernesto Lecuona.

La radio siempre ha estado presente al lado de la cama de Agustín. Gracias a un programa radial conoció y aprendió a trabajar el sistema braille

Por apropiarse del mundo

A lo largo de su vida no ha dejado de esforzarse. “Cuando la profe de Matemáticas leía un problema, yo hacía el cálculo con la mente y me adelantaba algunas veces”. Así demostraba las ganas de superación personal durante la etapa estudiantil. Siempre trabajó con el objetivo de obtener el máximo. Por eso, lo escogieron para trabajar en la Universidad de La Habana.

Durante el diálogo, no pueden faltar sus 57 años de labor pedagógica y el agradecimiento a la Revolución por las posibilidades que le ha brindado. Y aunque escribió dos capítulos del libro que está en uso para el estudio de la Economía Política, sueña con publicar un ejemplar sobre el imperialismo contemporáneo, mas no sabe si le alcanzará el tiempo. No está muy seguro. Piensa mucho en las primeras líneas.

Erick, el hijastro de Agustín, reconoce su entrega a la juventud y el empeño que dedica a cada proyecto. “Mi padre asedia el estudio todos los días, pero mantiene la capacidad mental y el poder de comunicación necesarios para enseñar”.

Gracias al lector de voz de la computadora y a la prótesis auditiva, que lo acompaña hace tres años, consigue calificar a sus estudiantes. Resalta las bondades de la tecnología: puede leer más fácil que el vidente, porque no se le cansa la vista.

La accesibilidad electrónica le permite examinar a los alumnos de la Facultad de Economía y, desde luego, puede organizar su trabajo mediante las tecnologías informáticas

Agustín despierta todos los días a las cinco de la mañana. Marca los adoquines de las arterias más viejas de la capital con su bastón y espera a que alguien lo ayude a cruzar la Avenida del Puerto. Va en busca de un P5 o A27 y siente los rayos del amanecer cuando llega a la Facultad de Economía.

Agustín Fernández Arner nació el 5 de enero de 1939, en Guantánamo, específicamente en un caserío llamado Jurisdicción, al lado del actual central “Los Reinaldos”. Desde 1952 vive en la capital de Cuba y reconoce sus calles y rutas de ómnibus

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Por Bismark Claro Brito

La Habana, 2000. Estudiante de Periodismo, Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Corresponsal de Corazón Universidad, revista televisiva de la FEU, y presentador de programa radiales, como Tiempo FEU y Sin Límite, de Radio Progreso y Radio Ciudad de La Habana. Es integrante del grupo de comunicación del Movimiento Juvenil Martiano. Colaborador con el diario Juventud Rebelde y la revista Alma Máter.

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