Es tiempo de enfrentar demonios

Foto: Juventud Rebelde

Las sociedades han colapsado a causa de una pandemia que ha mostrado la verdadera naturaleza del ser humano. ¿Somos unos mejores que otros? ¿Qué nos hace diferentes? Hace unos días conversaba con un amigo y le decía que se debe tener paciencia en la vida para lograr determinadas cosas. Posteriormente, reflexionando sobre esta misma frase, no pude hacer otra cosa que darle en parte la razón. Hay momentos de resolución y de Revolución.

Nadie me ha preguntado, pero no tengo reparos en hacer ver que las soluciones que se necesitan no son las del desespero.

¿Pero qué faltan, opciones o decisiones? ¿Dónde está la oportunidad de hacer una vida, una familia, un hogar? Si la respuesta no reside en mi propio esfuerzo y sacrificio, hay algo que está mal, muy mal. Tal vez sea una apreciación incorrecta, pero como bien decía Marx, el hombre piensa como vive y antes de pensar en la política, se piensa en el hogar. Pero lo que para Marx era una verdad cristalina, para muchos es un complejo dilema.

Me pregunto por qué carezco de oportunidades para escoger mi futuro, si mientras menos opciones tengo, menor es la oportunidad de encontrar el equilibrio entre lo que quiero y lo que necesito. Abrumado por la cotidianidad y la resolución de problemas, advierto que muchas de mis inconformidades y problemas gravitan en un mismo tema: la familia. ¿Qué se necesita para hacer una familia? Lo primero, espacio. Por más que se trate de coexistir, es imposible hacer nacer y crecer una familia si esta no tiene espacio para madurar. La sabia naturaleza lo demuestra: los cachorros, al crecer, son enviados a encontrar sus caminos.

Pasajeros aguardan el chequeo migratorio en el Aeropuerto Internacional “José Martí”, La Habana, el 1 de junio de 2017 / Foto: REUTERS

Convencido de que la utopía es realizable, miro al resto de mi generación mientras emigra. Se marcha triste por la separación y contenta por la esperanza de tener eso tan ansiado: un hogar. Junto a ellos se marcha el crecimiento demográfico, el talento, la edad promedio, los sentimientos, la defensa de un proyecto social; para colmo pareciera que en Cuba no se pueden construir casas.

¿Faltan opciones o faltan decisiones? A la luz de estos días convulsos le falta color. Se necesita una posición de gobierno. Se necesita una política para que los jóvenes tengan casa.

Si tanto significa la juventud para el país, creo razonable entonces que se invierta en ella. No se trata de realizar un acto de igualitarismo y regalar lo que no se tiene. Se trata de financiar los sueños de las personas que aspiran a una vida en Cuba con las mínimas condiciones de confort. Está claro que el país realiza un gran esfuerzo para dar una vivienda digna a cada ciudadano, meta altruista y elevada al rango constitucional. Pese a ello, no comparto la visión de que deba ser el Estado el responsable de todo.

Desde mi punto de vista, cada persona labra su futuro y es el Estado con sus políticas el encargado de ofrecer oportunidades. Así pues, un joven que estudie, trabaje y tenga una conducta social positiva, debe tener en nuestra sociedad un estímulo. Que lo tengan todos por igual deforma. Más aún, es muy peligroso lo que sucede hoy, donde el modelo de éxito no está, por lo general, en la persona que tiene más méritos, sino en el que posee una mejor posición económica, en ocasiones vinculada a la vida delictiva.

Distrito José Martí en Santiago de Cuba, 1970 / Foto: REBELLÓN, Josefina. Arquitectura y desarrollo nacional. Cuba 1978.

Pero volviendo al inicio, antes existían opciones. Recuerdo en varios momentos de mi vida haber presenciado conversaciones entre personas que decían haber estado pagando su casa durante 20 años. Por aquellos tiempos existían las microbrigadas. Cuestionadas por muchos, alabadas por otros, lo cierto es que resolvieron un problema social. Una generación tiene hoy su arraigo en esos edificios que construyeron o han sido parte indispensable de su vida.

La venta de inmuebles hoy es una realidad y si revisamos los listados de las páginas que los anuncian, nos daremos cuenta que hay mucha más oferta que demanda, al menos visible. Personas que quieren ampliarse o reducirse. Hay una lista grande de inmuebles a disposición de quienes puedan pagarlos. Tristemente, esos no son los que trabajan en el sector estatal, los profesionales o los obreros. Entonces caemos en un problema que puede llegar a ser estructural: la desigualdad. Quienes pueden adquirir esos inmuebles son las personas que trabajan en ramas de los servicios vinculados al comercio, al turismo o al sector externo.

Aunque han existido estímulos salariales importantes en los últimos años, es muy limitada la capacidad de adquisición que estos generan. ¿Puede entonces el Estado trazar una política de estímulo distinta a las que se han implementado ya?

En el modelo de funcionamiento de otras sociedades el sector financiero juega un papel determinante. Los mecanismos de estimulación no se basan en los ingresos, sino en la capacidad crediticia. Pudiéramos entonces entender que la extensión de líneas de crédito a los ciudadanos es un fuerte incentivo con un impacto relevante en la vida de las personas.

La extensión de líneas de crédito a los ciudadanos es un fuerte incentivo con un impacto relevante en la vida de las personas / Foto: Banco Metropolitano

Imaginemos el siguiente panorama (soñemos, que no cuesta nada): un joven profesional de 30 años entra al banco con una carta de aval de su centro de trabajo y solicita una línea de crédito para comprar una vivienda. El gestor del trámite le indica que existen varias opciones pagaderas en 10, 15, 20 y 25 años, con la posibilidad de liquidar la deuda con pagos extra. El joven escoge la de 20 años, obtiene un crédito de 50 mil CUC que son depositados en su cuenta y que más tarde serán transferidos al dueño del inmueble que quiere comprar. Realizados los trámites reglamentarios, se produce la transacción y el joven queda en condición de arrendatario, pero feliz por tener un hogar.

Siempre habrá quien pregunte, ¿pero cómo va a pagar 50 mil CUC en 20 años? Ahí es donde debe intervenir el Estado y convertir 1 CUP en 1 CUC, tal y como sucede en la economía empresarial.

Si consideramos que el individuo y no el mercado es el centro de nuestro sistema social, imaginemos que a este joven, además de la casa, le hacen falta los equipos básicos para poder habitarla. Una línea de créditos que no dependa de la compra del inmueble es también muy necesaria.

Para ser una mejor sociedad, se necesitan mejores personas, mejores ejemplos y opciones. Es triste ver que hay quien prefiera vivir en el capitalismo más salvaje solo por no poder hacer realidad su sueño de tener un espacio para vivir. Si bien la deuda es un instrumento que se utiliza en otras sociedades para expoliar al trabajador, pensemos si lo que está mal es el instrumento o la intención con que se emplea.

Para ser una mejor sociedad, se necesitan mejores personas, mejores ejemplos y opciones / Foto: El diario.es

El sistema crediticio cubano es muy limitado y no va a la raíz de las necesidades de las personas. No está mal que exista un crédito para la reparación o construcción de viviendas. No concuerdo con que sea tan limitado en comparación con los propios precios del mercado y que solo exista para esas actividades. Quien no tenga vocación de constructor no tiene derecho a tener una casa o es solo condición exclusiva de quienes saben poner bloque y cemento.

No creo que las soluciones mágicas existan, pero invito a estudiar los costos de la construcción de un edificio. No los que salen por la ficha técnica del proyecto, sino los reales de la operación. ¿Cuánto cuesta levantar un apartamento y cuánto vale uno que ya está hecho? ¿Cuántos se pueden hacer en un mes y cuántos se pueden comprar? ¿Cuántos problemas se pueden resolver en un año por una u otra vía? ¿Seguiremos construyendo y regalando casas a las personas sin una política clara para estimular procesos en nuestro país?

Cada quien que compre lo que necesite, ganándoselo con su permanencia en el trabajo y su buena conducta. Cada cual que lo pague en el tiempo que deba. Al aumentar la capacidad de resolver problemas cruciales, aumentamos el valor de los trabajadores estatales, los profesionales y los que están aquí dándolo todo. Enderecemos un poco la pirámide. Si no financiamos nuestro futuro, el futuro se marchará.

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