Hacer correr la sangre de un perro (I)

La zoofilia es una de las peores manifestaciones del maltrato animal y debe ser penalizada

Por: Gabriela Orihuela y Mónica Delgado Abascal

Sin hora del día precisa, se le ve andar por las calles cercanas a Monte Barreto. Sangra, sangra mucho. Chilla por el dolor. La gente lo ve ahí tirado. «Seguro lo atropellaron», piensan algunos. 

¡Al fin alguien se detiene! Tira par de fotos y escribe una alarma en su perfil de Facebook; la riega por los grupos de protección animal. Lobito, así se llama ese perro que fue violado.

***

Cuando se menciona la palabra violación, la mayoría imaginamos a un hombre y a una mujer como protagonistas del hecho. Sin embargo, al buscar el significado del vocablo, en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, se precisa: “tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad”. Así sin más, pudiendo el término ser utilizado para referirse a la violación de un animal. 

A pesar de reconocerse como fetiche sexual, la zoofilia sobrepasa los límites -si es que en algún momento hubo-del simple placer del humano, transformándolo en dolor hacia el otro ser vivo.

En palabras de la Dr. Valia Rodríguez, médico y neurocientífico, activista por la protección animal, «desde el punto de vista médico, la zoofilia es un tipo de parafilia caracterizada por sentir atracción sexual persistente e intensa por un animal no-humano.  Cuando la persona con esta tendencia consuma o materializa la fantasía erótica con el animal, o sea, cuando copula o se involucra en conductas pre-copulatorias con el animal, recibe el nombre de bestialismo». 

«El animal no-humano no puede consentir; no puede decir si está de acuerdo en participar en actos sexuales con un humano. Además de no poder consentir, las diferencias biológicas entre humanos y animales determinan que, cuando se practica un acto de bestialismo, se les inflija daño, que sufran y algunos mueran. Incluso, en aquellos animales que por su tamaño pudieran soportar mejor esta agresión, como podrían ser los caballos o las vacas, el acto constituye una vejación antropocéntrica inaceptable. 

A su vez, el bestialismo está estrechamente relacionado al zoosadismo, el cual es un extremo de la violencia animal donde además de sometimiento y sexo, hay mutilación por placer y se les infringe una muerte lenta y dolorosa también por placer».

– ¿Acaso se traduce el afecto del animal a esa persona como consentimiento del acto sexual?

_ La conducta de los animales está guiada por el instinto y por los códigos de comunicación de su especie.  Por ejemplo, los gatos y los perros lamen a su humano en diferentes contextos, pero esta acción no tiene nada que ver con placer sexual. La conducta de ellos también ha sido influida por los siglos de domesticación y la selección artificial, procesos que los han vuelto dóciles y fácilmente dispuestos a someterse a los caprichos de los humanos – de lo cual se aprovechan las personas que incurren en actos de bestialismo-. Un perro seguro que le moverá la cola a un zoófilo que abusa de él, pero eso no quiere decir que consienta.  El adjudicarle esa intención al acto instintivo o la conducta sumisa del animal, y lo que es peor: propiciar el acto, implica aprovecharse de la condición de vulnerabilidad y dependencia que los animales no-humanos tienen frente a nosotros, los humanos».

_ Cárcel o tratamiento psiquiátrico, ¿cuál es el correcto?

«La realidad es que la psiquiatría moderna no considera la zoofilia como una enfermedad, sino como una tendencia en el comportamiento sexual. Por tanto, no se trata desde el punto de vista médico. Pudiera lograrse que un individuo zoófilo muy motivado en cambiar su conducta deje de actuar sobre su deseo, pero la atracción sexual por los animales seguirá. Pasa lo mismo con los pedófilos, puede que no incurran por decisión propia en pederastia, pero siguen siendo pedófilos.

«Desde el punto médico solo se considera la zoofilia como un trastorno o disfunción, si el zoófilo sufre por su condición y se deprime, se angustia, se siente aislado o si tiene ideas suicidas. La mayoría de las veces ellos acuden al psiquiatra o terapeuta por estos síntomas y no por sentirse atraídos por los animales, lo cual muchas veces no confiesan, sino que lo ocultan o disimulan».

En consecuencia, la doctora aclaró que encarcelar a una persona no lo hará dejar de ser zoofílico, pero al menos la cárcel sí pudiera ser un mecanismo disuasivo para que los que practican bestialismo y zoosadismo dejen de hacerlo por miedo a la privación de libertad.

La esencia del problema

Diversos y abundantes son los países del mundo que penalizan el bestialismo. «Las penalizaciones van desde multas muy altas – en el caso de Francia con 30 000 Euros- hasta privación de libertad por meses o años además de la incautación de los animales. La penalización de esta conducta no está basada en que sea considerada repulsiva, sino en que representa una forma de violencia y crueldad hacia los animales», abundó la doctora Rodríguez. 

Además, agregó que «un país comprometido con el bienestar animal tiene que considerar las relaciones sexuales con animales no-humanos como un “asalto sexual inter-especie” y, partiendo de ello, educar a toda la sociedad en la intolerancia hacia esa conducta a la vez que implementa el marco legal necesario para reprimir estos actos a través de su penalización».

No bastan las multas y la incautación de animales, tiene que haber una penalización proporcional al acto cometido. Un país como Cuba tiene que garantizar la protección de la integridad física y psicológica de los animales-no humanos contra este tipo de actos. Los animalistas no esperamos menos.

El presidente de Bienestar Animal Cuba (BAC) y director de la revista animalista El Refugio, Javier Larrea, comentó que ha dejado clara la posición del movimiento animalista ante el Ministerio de la Agricultura, que debe encargarse de presentar el Decreto-Ley de Bienestar Animal, «nosotros no queremos que esto quede en el derecho administrativo con una simple multa, pretendemos que se inserte en el Código Penal y que los marcos sancionadores oscilen entre los seis meses a un año de privación de libertad como mínimo».

Si bien la inclusión del bestialismo y el zoosadismo en el Decreto-Ley próximo a aprobar en febrero, sería un gigantesco salto a favor del bienestar de nuestros animales; la verdadera “cura” no está ahí.  

«Debe haber un abordaje más activo por parte de los psicólogos, psiquiatras y de las comisiones de prevención del delito sobre los casos de bestialismo y zoosadismo, ya que este tipo de conducta, aunque no sea una enfermedad, también se puede presentar en relación con otros tipos de parafilias como la pedofilia y de trastornos sociopáticos o psicopáticos con desenlaces violentos».

De los elementos más repudiados en la sociedad es escoger a animales para satisfacer las fantasías sexuales de algunos humanos. Si bien queda en duda si esto sucede por trastornos psicológicos o simplemente por perversidad, es de carácter urgente penalizarlo.

«Esto es un tema delicado pues no hay que ser un enajenado mental para practicar la zoofilia, o tener un trastorno psiquiátrico que determine la inimputabilidad del que comete el delito. Esos son cuestiones que se determinan y se resuelven en el proceso judicial. Sin embargo, es evidente que estas personas necesitan al menos ayuda psicológica, sean o no sancionados con privación de libertad», aclaró el Lic. en Derecho, Alan González.

***

Gracias a los muchachos activos de los grupos de protección animal, se acudió con rapidez al rescate de Lobito. El veterinario que lo atendió ratificó que,efectivamente, había sido violado por una persona. El desgarramiento interno no dejaba mentir. Lo curó. Se salvó, sí, pero otros no corren con igual suerte.

Lobito es un perro comunitario de un barrio de Playa. Todos los cuidan, lo alimentan. Como perro al fin le gusta andar las calles de las cuales es “dueño”. Alguien, que todavía está suelto, se aprovechó de eso. Pero Lobito no fue el único en la zona, de hecho, ni siquiera podemos asegurar que será el último.

Impactos: 523

A %d blogueros les gusta esto: