El maltrato envilece

Los acontecimientos de los últimos meses demuestran que es una necesidad urgente la aprobación del Decreto-Ley de Bienestar Animal

Falta poco para que un Decreto-Ley regule el bienestar animal, que es más que defenderlos contra los abusos. Pero más que un Decreto-Ley, hace falta una cultura.

Muchas historias desgarradoras se han publicado en estos días. Todas pasan por la asunción de una “cultura de depredadores” del medio ambiente. Queda por repensar qué hacer para que lo invertido en aulas y profesores por nuestro sistema de educación, surta mejor efecto.

Ayer fue una triste jornada. Una que deja entre pensamientos, la sensación de que hay quienes se han envilecido. El día de hoy no es aislado, es expresión de una tendencia criticable de maltratar animales, ecosistemas y el entorno en general. Existen antecedentes de hechos como este.

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Noviembre 2020, La Habana. Coret Martínez cuida de una perra embarazada cada vez que el tiempo se lo permite. Su dueño sabe que cuando esos pequeños nazcan serán entregados a Coret para darlos en adopción responsable una vez aptos para separarse de su madre. 

Cachorros abandonados rescatados por la protectora Coret Martínez. (Tomada de su perfil de Facebook)

La perra sarnosa, flaca, decaída. Los cachorros deben nacer. De a poco Coret pasa a velar por sus nuevos protegidos. Nacen 15, mueren siete. Pasan 45 días, están listo para darse en adopción. Mejor un hogar dedicado que en medio de la calle siendo custodiados por un guardián receloso que no concibe alimentar a nadie más.

_ ¿Dónde están los perros? -pregunta Coret.

_ ¡Ah! llegas tarde, están en un latón de basura. Apúrate. 

No sabemos cuánto tiempo estuvieron solos a merced del hambre y del frío. Las fuerzas de sobrevivir quedan. Tienen sarna. Darlos en adopción fue complicado. Fluffy tiene un hogar feliz, está hermoso. Lili se recupera lentamente luego de haber sido devuelta por su primer adoptante. El resto… muertos o perdidos. Resulta difícil, Coret, muy difícil. 

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18 de diciembre del 2020, La Habana. Año pandémico. Eran las once de la noche cuando un joven aterrado llama a Elizabeth Meade, una de las coordinadoras principales de Adopciones por Amor, «hay un gato malherido en la calle 59 entre 112 y 114, Marianao». 

«Está mal», exclama el chico. Pues sí, estaba horrible y pedía auxilio a gritos, lentamente perecía solo, a la vista del pueblo, de la noche. Aguantó como nadie y luchó por su vida. Uno de sus ojos salió de la órbita para que, aquel gato, dejara de ver la indolencia humana. Sus orejas se dejaron llevar por la fuerza de un ensañamiento y casi ni se distinguían. Todo era sangre. Su cráneo dejó de sentir: una, dos … tres heridas graves, buscaban acabar con su vida. 

El gato murió, horas más tardes. Pero quería vivir. Lo intentó. Lo hizo con valentía y tesón. No obstante, no tuvo nombre, no sabíamos su historia, su vida. 

Las últimas fechas demuestran el maltrato y el desprecio hacia la vida de quienes no pueden defenderse por sí solos.

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24 de diciembre del 2020. La Habana. Vivian Bravo es protectora hace muchos años, algunos dirían que toda la vida. Durante su faena como animalista conoce siendo un cachorro a Aquiles, un hermoso perrito comunitario. Pequeño, amarillo, bribón, andariego. Vivian y Aquiles se vieron varias veces, de pequeño y, luego, cuando este perseguía a una perra descompuesta. 

Por su seguridad Vivian deja al perrito en un taller donde, en aquel momento, existía un centro de elaboración de alimentos. Aquiles se quedaba en un viandero. Salía, jugaba, pero siempre regresaba. Aquiles era inteligente. Puede notarse cuando hablan de él. 

Cuando fue a castrarse lo diagnosticaron con cáncer y tuvo que ser tratado con urgencia. Vivian lo acoge en su hogar; Aquiles, agradecido, se repone y vence la enfermedad. ¡Parecía felicidad! Aquiles fue dado en adopción a una persona que vive en Guanabacoa. Solo estuvo ahí una semana. Se escapó el perrito. Aquiles regresó a la zona que conocía, se negaba a dejar las casas que frecuentaba, las caras de siempre y la voz de Vivian.

Aquiles se asentó en la Empresa ASTRO junto a tres perritos más: El Pinto, Blanquita y Niña, quien resultó ser la mamá de Aquiles. Pasaron los meses y Blanquita fue dada en adopción; Niña fue aplastada por una guagua mientras dormía y Aquiles … 

A dos personas, que se trasladaron a vivir en las inmediaciones de la institución, comenzaron a molestarse con la presencia de Aquiles. Tenían tres perros, dos pequineses y un rottweiler. No se llevaban bien; llegaron a tener peleas, hubo mordidas y escándalos. Sus dueños violentaban a Aquiles, era el mestizo, el de «la calle».

_ Una vez me dijeron que me lo iban a desaparecer. ¿Cómo lo pueden hacer? Este es el lugar donde él ha vivido. ¡Eso fue una amenaza!   -comenta Vivian.

Transcurrieron meses y nada pasaba. Solo que los regaños se volvieron más severos. Ahora era palos o lo que tuvieran a mano. No obstante, Aquiles cruzaba la calle, daba sus vueltas diarias, jugaba y siempre volvía a su sitio, lo más parecido a hogar. 

Aquiles, perro comunitario desaparecido. (Fotos cortesía de Vivian Bravo)

Un día, Aquiles desapareció. Nadie lo ha vuelto a ver. «Una señora me contó que vio como los golpeaban y lo metían dentro de un saco para que una de las guaguas de la empresa se lo llevara. Pero no quería declarar delante de nadie», cuenta Vivian. El miedo se apodera de muchos.

En una ocasión le dijeron, a través de una publicación que ella hizo en Facebook, que lo habían encontrado. ¡Qué dolor más grande sintió Vivian cuando comprobó que no era su perrito!

Aquiles no se perdió, «él vino caminando de Guanabacoa, ¡solito!». Algo más pasó. Algo que vieron y nadie se atreve a decirlo más allá del murmullo. Vivian no pierde la esperanza, aunque se torna realista. Aquiles se fue, para no regresar.

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Enero, 2021. Las redes sociales muestran todo tipo de atrocidades. Murciélagos en venta por 4 mil pesos. Los protectores se alarman. Se llama al número y se acude. El animalito, asustado, fue puesto en libertad. Otro anuncia la venta de un majá de Santa María. Precios elevados. Muerte segura. 

Los animales están siendo consideras mercancía y como sustento de algunos inescrupulosos. (Tomada de un grupo de venta en Facebook)

Valia Rodríguez se manifiesta en contra: «No puede ser que los animales sigan siendo mercancía para el lucro de personas inescrupulosas. Ni lechuzas, ni murciélagos, ni pajaritos, ni venta ilegal o no regulada de mascotas. ¡Basta ya!».

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6 de febrero, Santa Clara. Llora un hombre. ¿Y Pan? No está, ya no. Lo envenenaron, alguien lo condenó a morir. No hubo juicios, tampoco podía haber uno, no son reconocidos. Ah, porque Pan es un perro. Uno de los tantos que, en menos de diez días, Santa Clara vio partir. 

Javier Larrea, presidente de Bienestar Animal Cuba, le ordena a caminar, a levantarse. «Díganme que no es verdad. Llamen a los veterinarios», dice el joven con mares en los ojos. ¿Para qué? Es tarde, tarde para Pan.

Javier Larrea, presidente de BAC y director de El Refugio, junto a Pan. (Tomada de su perfil en Facebook)

A días de una anhelada firma, personas inescrupulosas se encarnizan con los sin voz. Ellos no tendrán voz, nosotros sí. Y no dejaremos esto impune. Merecen un castigo quienes laceran la moral y dañan la decencia de un país.

Santa Clara habló en las redes sociales, en las calles. «Están matando perros», un post por aquí, otro por allá. 

La periodista Leticia Martínez, deja clara su postura en su perfil: «Me solidarizo con su terrible dolor y repudio tan atroz hecho. Con la misma fuerza rechazo las intenciones de quienes pretenden culpar, sin la más mínima prueba, al Gobierno cubano de semejante crueldad. ¿A quién beneficia ese ensañamiento, en medio de un proceso de diálogo del que estaba naciendo la ansiada Ley de Bienestar Animal?».

«Entiendo que no es normal ni buena persona quien asesina animales. Se le debe detener, enjuiciar y sancionar. Pero no entiendo cómo sin biopsia y sin pruebas, algunos se apresuran de acusar a las autoridades. No concibo que alguien con la responsabilidad social de velar por la tranquilidad ciudadana, alguien que se considere revolucionario, no ame igual a los nobles animales que tanto equilibrio aportan a nuestras estresadas vidas humanas», escribió Arleen Rodríguez Derivet en su perfil.

Tomado del perfil de Facebook de la periodista Arleen Rodríguez

Febrero llega como un mes de esperanza para los animalistas cubanos; el mes del cambio, a decir de algunos. El estudiante de Periodismo, Pedro Jorge Velázquez, asevera en su muro de Facebook:

«Tenemos que entender el deseo de sacar provecho de esta situación, algo que es mezquino. No hay razón alguna para que el gobierno de este país, mediante un ejecutor, envenene a los perros. Justamente porque el gobierno cubano ha escuchado a los grupos animalistas y el Decreto Ley de Protección Animal está próximo a firmarse. No tiene razón alguna para perpetuar estos actos porque el gobierno está ahora mismo precisamente luchando por ellos».

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Si bien podemos plantearnos hipótesis acercadas a la politización del asunto, no se puede olvidar que el Decreto-Ley afectaría a muchas personas, por ejemplo, a quienes se lucran con los animales, a quienes los usan como objetos y no le dan una vida digna. 

No obstante, la declaración más detallada la dio el propio Larrea en su muro de Facebook:

«No puedo culpar a nadie porque estaría siendo injusto, a la verdad no tengo la menor idea de quién pudo ser (…) Hoy no hablo solo por Pan y Peluchín, hoy hablo por TODOS. Hoy estuvieron todas las autoridades de la provincia en mi casa y dicen que no van a descansar hasta que aparezcan los culpables». 

Nadie obliga a quererlos; se pide respetar su derecho a vivir, a ser libres, a ser amados.

Tomado del perfil de Facebook de la institución.

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