La comida que no se compra sola

El desabastecimiento y el aumento de algunos precios constituyen preocupaciones del pueblo cubano. ¿Qué sucede con esto?

A mí nadie me lo contó, lo he vivido día a día. Fui al agro y con 50 pesos pude comprar, apenas, dos pepinitos a 17 pesos y cuatro cebollas pequeñas por 25 pesos. Me quedaban ocho, seguramente para el transporte de mañana. La jugada está apretada. Por mi casa no hay nada y, cuando hay, está carísimo.

Comentó Cristian Rodríguez para Qva en directo.

Haydée Herrera es una señora que debe abastecer cada semana la comida en su hogar. Sus inconformidades van más allá de la escasez:

Cuando voy al agro espero encontrar lo que necesito; no siempre es así. Me impactan los precios y la calidad de los productos. Las viandas y las hortalizas las ofertan con la tierra, que la pesan como producto. Los establecimientos carecen de limpieza. Las pesas son antiguas y en el plato casi siempre vienen restos de tierra, aunque, en ocasiones, el trato del dependiente sea bueno.

Agromercado en Guanabacoa. Foto: Adrián Sánchez

Yo salgo a caminar Guanabacoa entera para ver qué aparece. Uno va consiguiendo algo aquí y lo otro allá. Algunos precios no están mal, otros… Pero eso es en mi caso, mis padres trabajan; ahora, para alguien que gane menos de tres mil pesos, que viva solo y tenga que pagar la electricidad, el gas, los productos de aseo y encima comprar a precios elevados, la cuenta no le da. Ayer mismo me encontré una lata de puré de tomate en más de 400 pesos.

Declaró Adrián Sánchez.

Durante las entrevistas y el recorrido por varios agromercados de la capital pudimos detectar que no en todos los establecimientos los precios eran iguales, tampoco la calidad ni la atención por parte del personal. Por ejemplo, el vinagre en el agro de 23 y 6 cuesta 20 pesos y en el de Crecheríe cinco menos.

Mercado 23 y 6, Vedado

Otros alimentos, en cambio, han mantenido sus precios en estos centros, no así cuando se le compra a un intermediario cuyo costo puede elevarse hasta tres veces. ¿Recuerdan los racimos de ajo o cebolla a 10 cuc de los vendedores ambulantes? Ellos también han pasado por esta tarea ordenamiento, tal vez ahora cobren los 250 pesos.

Más allá de las historias

Nuestro país maneja el concepto «hambre cero», que vela por el acceso de la población a alimentos de calidad, la eliminación de la desnutrición y el aporte de suministros por parte de los pequeños agricultores.

Desde el punto de vista de la seguridad alimentaria y la erradicación del hambre, Cuba tiene una situación positiva, evidenciada en variados programas sociales y en la distribución de productos regulados a través de la libreta de abastecimiento. Se trata de programas que atienden la alimentación escolar, la leche para los niños, los alimentos para enfermos, las dietas, así como otros de protección social.

¿Qué conocemos por seguridad alimentaria?

Esta expresión, a veces cotidiana, se define como la disponibilidad y el acceso estable de alimentos a lo largo del año, así como su consumo adecuado. Esto puede traducirse en la capacidad que tiene cualquier familia cubana (o de otra nacionalidad) de conseguir lo necesario para una correcta nutrición.

Imagen tomada de ACN

En la Cumbre Mundial de Alimentación de 1996 se explicó que «la seguridad alimentaria en el ámbito de un país es un concepto que significa que todas las personas en todo momento tienen acceso físico y económico a suficiente alimento, seguro y nutritivo, para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias, con el objeto de llevar una vida activa y sana».

De acuerdo con el texto «Accesibilidad a los alimentos en Cuba: situación actual y desafíos» (2019) de Betsy Anaya y Anicia García, la seguridad alimentaria «se compone de cuatro dimensiones fundamentales: la disponibilidad, el acceso, el consumo y la utilización, y la estabilidad en el tiempo de las tres anteriores». Cuba debe, indiscutiblemente, mejorar el acceso y alcanzar una mayor seguridad alimentaria. Entonces, dos preguntas salen a la luz: ¿hay disponibilidad de alimentos?, ¿tenemos todos acceso a ellos?

Este es un tema sumamente serio para cualquier sociedad, por ello se deben crear o reforzar los espacios ya existentes de coordinación de los organismos e instituciones que respaldan y evalúan la seguridad alimentaria en Cuba, de modo que esta cuestión se analice y proyecte de manera integral.

Estas asociaciones deben dejar de verse de manera aislada para lograr la necesaria articulación de todos los organismos. ¿A qué organismos se hace referencia? Al Ministerio de la Agricultura y al de la Industria Alimentaria (dictan políticas productivas), al de Economía y Planificación, al de Finanzas y Precios y al Banco Central de Cuba (dictan políticas macroeconómicas), al Ministerio de Comercio Interior y al de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (relacionados con el comercio de alimentos), así como al de Salud Pública y al Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos (evalúan cómo se consumen y utilizan los alimentos).

Antes y durante la pandemia

Algunos de los Objetivos del Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 son, precisamente, poner fin al hambre y lograr la seguridad alimentaria. Para alcanzarlos, debe lograrse una mejor nutrición, y ello exige voluntad política, disciplina, calidad y el apoyo del pueblo en general.

Un ejemplo de lo que Cuba ha realizado durante los últimos años para el logro de ese objetivo lo constituye el Programa Arrocero, estrechamente vinculado a la sustitución de importaciones por este concepto. Según el artículo «Las estadísticas y la producción de alimentos en Cuba: ¿un arroz saltón?», publicado en Progreso Semanal, solamente para «el 2023 se deben lograr unas 450 mil toneladas de arroz y para el 2030, 600 mil toneladas, lo cual representa el 86 % de la demanda nacional».

En Cuba la producción agropecuaria no satisface la demanda y son varios los renglones de esta esfera que se importan; debido a ello, el país desarrolla programas como el plan de autoabastecimiento municipal.

Estas potencialidades deben fortalecerse para obtener mejores resultados. En 2018 esta estrategia se trazó con mayor fortaleza:

Garantizar mensualmente para cada persona 30 libras en viandas, hortalizas, frutas y granos, lo cual fue reconocido por varias agencias de Naciones Unidas en la publicación especial Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe

El plan de autoabastecimiento incentiva, además, a los productores locales para que sean capaces de cultivar y comercializar al menos esa cantidad de víveres, que generan altos niveles de demanda y consumo. Dinamizar la producción de alimentos apuesta por dar más autonomía a los productores para decidir qué sembrar. Los planes a largo plazo parecen no ayudar con las necesidades más apremiantes.

Una vez llegada la pandemia al país la situación se tornó más compleja y se dictaron una serie de medidas con el propósito de atenuar la complejidad del escenario.

En el artículo «¿Cómo Cuba se propone asegurar la alimentación en medio del bloqueo y del azote de la pandemia?», publicado en Granma, se expuso que se trataba «de actuar en correspondencia con la organización y capacidad de respuesta con que se combate en Cuba la COVID-19 y se enfrenta, a la vez, la reducción de la disponibilidad de alimentos debido a la caída de las importaciones por el impacto de la pandemia en la economía mundial, además de las pérfidas intenciones del Gobierno de Estados Unidos que, en lugar de ocuparse de la grave situación interna provocada por la enfermedad, intenta aprovechar la oportunidad para provocar el colapso definitivo de la Revolución Cubana».

En el propio texto se resaltaba la importancia de trabajar la tierra:

Tenemos que darles el máximo de explotación a la tierra y a los recursos». Las medidas parecen haber quedado en el papel o en la voz del personal; la escasez fue madre de uno de los períodos más difíciles por los que ha atravesado la nación.

Con el nuevo ordenamiento monetario se establecen mecanismos para contrarrestar el aumento de los precios y queda claro que el salario debe alcanzar para satisfacer las necesidades básicas y cubrir la canasta de referencia de bienes y servicios.

Pero, ¿qué pasa con los precios? Durante los últimos años el costo de los alimentos se ha disparado. No podemos olvidar los llamados precios COVID que triplicaron, a veces, el valor de los productos. Esto ha de ser erradicado cuanto antes.

A partir del 1ero de enero del año en curso, el territorio nacional decretó nuevos precios para los productos agropecuarios en toda la red comercializadora de la capital. Se aprobó que, «para el caso de los productos beneficiados y empacados se aplique hasta un 20 % por encima del precio de venta minorista aprobado y cuando los productos beneficiados sean trozados y empacados se les aplicará hasta un 50 % por encima del precio minorista aprobado», explicó el periódico Granma.

Sin embargo, Cuba debe buscar una formación de precios más acorde a la interrelación de la oferta y la demanda. Otro desafío: hacer coincidir precio-producto-demanda.

Imagen tomada de Cubadebate

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