La incertidumbre de contagiar a alguien me mataba

Unos días después de la salida, mi prima empezó a tener síntomas: pérdida del gusto y el olfato y secreción nasal. Si ella lo tenía, lo más seguro era que yo también lo tuviese.

Cinco de diciembre del 2020. “Ya es fin de año”, “la cosa con la COVID-19 está tranquila”, “¿por qué no reunirnos?”. Fueron los primeros pensamientos que pasaron por la mente de Karla Gutiérrez Arronte y su prima Pupa; como también pensamos, en su momento, tantos cubanos. Ya se están viendo las consecuencias; pero las de ellas, se pudiera decir que fueron “inmediatas”.

«Éramos mi prima Pupa, dos amigas y yo. Hacía tiempo que no nos veíamos y decidimos ir a compartir a 1ra y 70», me comentó Karla en nuestra conversación por el fijo. «Era una tarde-noche tranquila, con la brisa del mar, tomamos unas copitas, pero nada que no se pudiera controlar». Y por supuesto, para beber y comer es necesario quitarse el nasobuco y si a eso le agregamos, las muchas fotos que perpetuaron el momento ; el coronavirus hizo fiesta también.

Unos días después de la salida, mi prima empezó a tener síntomas: pérdida del gusto y el olfato y secreción nasal. Si ella lo tenía, lo más seguro era que yo también lo tuviese.

Karla fue voluntaria en un centro de aislamiento de sospechosos a la COVID-19, a principios del 2020, y trató de implementar al máximo el protocolo que allí se hacía. «Automáticamente de saber lo que pasaba me auto-aislé en mi cuarto, donde además de no salir en ningún momento, usaba de forma permanente el nasobuco. A mi familia no le podía pasar nada».  Karla vive con sus padres, su hermano y sus abuelos, por lo que esta decisión fue fundamental.

Al ser contacto de un caso confirmado y tener los mismos síntomas que Pupa, la remitieron al centro de aislamiento en Casa Blanca, se realizó el PCR. «En ese momento se eliminaron las pocas esperanzas que me quedaban de ser negativa. Vendría días muy difíciles».

En aislamiento

El domingo 15 de diciembre llegó el resultado positivo a manos de Karla. Y con esta noticia aislaron también a su familia. «Me dolía tanto saber que, sobre todo, mis abuelos podían tener la enfermedad», lamentaba.

Al día siguiente la trasladaron a la Covadonga, sala Mella, cama 11; donde ya se encontraba Pupa.

Una vez llegué al hospital me realizaron análisis de sangre, electrocardiograma y rayos X. Al segundo y al noveno día me fueron repetidos los análisis de sangre. Desde el primer momento empezó el tratamiento de las pastillas, 4 en la mañana y 4 en la tarde. Los dos primeros días me sentí el estómago pesado, pero luego mi organismo se adaptó. Las inyecciones de heberferón fueron cada 3 días acompañadas de benadrilina y dipirona para reducir malestares.

Varios fueron los medicamentos que tuvieron que tomar estando en aislamiento.

El protocolo actual de medicamentos para pacientes positivos asintomáticos es el heberferón o interferón y para pacientes sintomáticos se le agrega la Kaletra y la Cloroquina y de seguimiento, el Nasaferón en gotas nasales. Estos medicamentos son muy fuertes y pueden afectar el hígado y el estómago. 

La celebración de Noche Buena coincidió con la permanencia de Karla en la Covadonga; y aunque ya su familia estaba en casa después de saber lo negativo de los PCRs, ella hubiera preferido pasarla allá. Sin embargo, fue un 24 de diciembre peculiar.

A las nueve de la noche toda la sala salió a las puertas de los cuartos y llamamos a los médicos; ellos preocupados vinieron corriendo y cuando empezamos a aplaudirlos y a desearles Feliz Navidad, terminaron todos emocionados. Nunca habrá forma de agradecerles lo suficiente por cuidarnos.

Pude saber que la labor del personal de salud fue excepcional. Los médicos y enfermeros realizaban revisiones diarias y explicaban las orientaciones una y otra vez para que las cumplieran debidamente.

Por otra parte, «las seños que nos repartían los alimentos, siempre estaban preocupadas e insistiendo en la importancia de que nos alimentáramos. Ojalá y recordara los nombres de todos. Lo que si no olvidare nunca es la atención y el amor que nos dieron».

¿Qué aprendimos?

Ahora La Habana retrocedió a fase de transmisión autóctona limitada y el país se encuentra en una situación compleja, quizás más crítica que en mayo. Según los especialistas la principal causa de este radical aumento ha sido el incumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias tanto por parte de los viajeros que llegaron al país y sus familias, como por cubanos residentes en la Isla que consideraron “relajada” la situación. Pero Karla, más que secuelas físicas (hasta ahora ninguna) se lleva secuelas psicológicas, o, al menos, enseñanzas. 

De esta experiencia aprendí, no solo que cualquier medida es poca, sino también que las salidas pueden esperar, que los lugares no van a desaparecer. Es momento de ser más responsables que nunca y esperar la ansiada vacuna. Pero, sobre todo, piensen en sus familias y créanme que no es fácil cargar con el peso de que a tus seres más queridos pueda pasarles algo por tus irresponsabilidades.

 Asimismo, la joven recomienda a los que lean esta pequeña historia y al resto de los cubanos que debemos cuidarnos, «no es fácil pasarse días bajo un tratamiento magnífico pero fuerte, con la incertidumbre de si contagiaste a alguien. Es importante también que seamos sinceros a la hora de reportar lo contactos, no hacemos ningún bien a nadie escondiendo información».

Casos como el de Karla y Pupa, hay decenas en el país. Y sí, Karla no tiene secuelas, se siente bien y podrá seguir su vida como antes, pero un viejito, un niño, una embarazada, una persona con comorbilidades, ¿saldrá ileso?

Debes cuidarte, cuidarnos y cuidar a todos, porque de cierta manera, estamos en tus manos.

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