La muerte anunciada de Loon y sus «males» de raíz

El proyecto científico de globos aerostáticos en la estratósfera, Loon, anunció su cierre ante problemas económicos y concepciones de raíz

Para ciertas cosas, como las guerras -pongamos un ejemplo así, medio suelto- casi siempre hay dinero. Para otras… -no menos ciertas, hay que decir- ya la cuestión se complica.

Alastair Westgarth, es director ejecutivo de Loon, un proyecto de globos aerostáticos perteneciente al departamento de innovación de Alphabet,  que pretende llevar la red de redes a lugares muy apartados de los ejes de la economía.

Este señor habló recientemente sobre las dificultades para encontrar socios interesados en sostener y proyectar sus ideas en sitios de –llamémosle así– la periferia mundial. También señaló la imposibilidad de Loon para abaratar costos. La ciencia es cara, se sabe.

Loon –que nadie se sorprenda– acaba de cerrar.

La información se ha hecho pública a través de un comunicado en la cuenta de Medium de Astro Teller, uno de los científicos encargados de comandar el proyecto. En este «certificado de defunción», el informático realizó un breve recuento de los logros de Loon en sus nueve años de vida.

Entre ellos, resalta el desarrollo de globos capaces de soportar las duras condiciones de la estratósfera por más de un año y lograr conducirlos con precisión en dicho entorno. También señaló la creación de una red maya en el cielo.

Asimismo, brindaron conectividad a Puerto Rico tras el desastre causado por los huracanes en años recientes y a Perú, luego del terremoto que azotó la zona en 2019. Actualmente, intentaban implementar sus servicios en Kenia.

Teller –tipo soñador según su forma de escribir– agradeció el acompañamiento de una comunidad que calificó de innovadora y arriesgada, así como llena de pasión, al igual que Loon, por conectar a los desconectados.

El científico insistió en que el camino hacia la viabilidad comercial había resultado mucho más largo y riesgoso de lo esperado, «así que hemos tomado la difícil decisión de cerrar Loon».

¿Solo problemas económicos?

En el mencionado informe, Astro Teller insistió en que además de la insostenibilidad económica, existía un cuestionamiento capital –teórica incluso– en el centro del proyecto:

«¿Podría ser esta la idea radical que finalmente traería acceso abundante y asequible, no solo a los próximos mil millones sino a los últimos mil millones? ¿A las últimas comunidades desconectadas y a las que menos pueden pagar?»

Casi pareciera que la inviabilidad de Loon y sus ejecutores parte desde sus mismísimas concepciones personales. ¿Quién se va a gastar la cartera en darles voz y educación –elementos que sin lugar a dudas pueden facilitarse de la mano del internet, a pesar de los muchísimos riesgos– a gente «vaga» y pobre que es pobre por vaga y vaga porque quiere?

No… se equivocaron los de Loon. La alta sociedad –excepto honrosas excepciones– lo que siempre ha hecho para limpiar su conciencia es dar limosna y regodearse en cómo el pobre de turno, el escogido ese día entre los tantos, se llena la panza, por lo menos una vez. En un mundo con su mitad desconectada por completo, darle internet de manera emergente a par de países en apuros no es más que eso, una limosna fugaz.

El sueño de Loon no es un sueño de limosnas. Ya lo dijeron: no a por los próximos sino a por los últimos. Si fueran soldados y no científicos, si quisieran robar y no salvar –sigo poniendo ejemplos sueltos– la historia sería distinta, porque si algo les gusta a los que tienen «bala» son los juegos de comando y las películas de acción, sobre todo si para atrás regresan las utilidades.

«Aunque Loon va a desaparecer, nuestro compromiso con la conectividad no», dijo Teller.

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