¿Santiago sigue siendo Santiago?

Decir Santiago significaba saber que nada se definía hasta que el último out cayera en la pizarra, momento en el que ya los maderos calientes de los indómitos no podían presentarse en el cajón de bateo

Decir Santiago antes era un problema de los nervios para quienes seguíamos a otros equipos de béisbol. Era sentarnos ante el televisor o en los estadios prestos a sufrir la furia de los bates de aquellos grandes peloteros que enaltecieron el deporte cubano en estas y otras tierras.

Decir Santiago significaba saber que nada se definía hasta que el último out cayera en la pizarra, momento en el que ya los maderos calientes de los indómitos no podían presentarse en el cajón de bateo.

Era sentir que tu equipo estaba casi perdido si le tocaba enfrentar el picheo dominante del flemático Norge Luis Vera y que debías cerrar los ojos y rezar cuando se paraban a batear Orestes Kindelán, Antonio Pacheco o Gabriel Pierre. En esos instantes cerrar los ojos no atenuaba el brutal impacto que podía llegar a experimentar la pelota.

Pensar que tu equipo podía caer ante Santiago de Cuba era visualizar un Guillermón Moncada lleno a reventar, acompañado por la banda sonora de una corneta y una conga incontrolable que, mientras más gozaba, te hacía nadar en la frustración ya fueras león, veguero o naranja.

Como aficionado de un conjunto rival nunca sufrí más que cuando Meriño, Bell y Reutilio Hurtado desaparecían la bola y este último daba la vuelta al cuadro con los brazos abiertos inclinándose sobre su izquierda. Era sencillamente terrible.

Santiago de Cuba llegó en 1977 a las series nacionales y un debut poco halagüeño marcó el inicio del camino glorioso de uno de los conjuntos más grandes de la pelota cubana. Desde entonces, han acumulado 8 títulos y protagonizado escenas míticas que han quedado grabadas en la memoria de quienes aman este deporte en la Isla.

Gracias a quienes peinan canas los más jóvenes escuchamos las historias de Laffita y Vinent y también de los tres campeonatos seguidos del equipo conocido como “La aplanadora” en las campañas 98-99, 99-00 y 00-01 bajo el mando de Higinio Vélez. Inolvidables igualmente son el jonrón de Pacheco con sacrolumbalgia a Lazo en el 2001 y los duelos encarnizados de las avispas contra Industriales. Simplemente, si tu equipo perdía con Santiago, no quedaba más que reconocer que caía ante el mejor, o al menos uno de los mejores.

Para revivir su último triunfo hay que remontarse al año 2008, cuando dirigidos por Antonio Pacheco se llevaron el campeonato. Sin embargo, los tiempos de gloria se fueron apagando y más de una década sin clasificar a los play off marcaron el fin de la hegemonía santiaguera.

Quienes lo odiaban lo extrañaron todo este tiempo, hasta que hace unos días los indómitos terminaron la amargura clasificándose en la cuarta posición. Ha vuelto uno de los cuatro grandes del béisbol cubano. Pero ya no es antes. Ahora solo resta esperar y ver si, en definitiva, Santiago sigue siendo Santiago.

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