Sistema: Certezas en crisis o la sordidez de la verdad

Tal vez eso es lo que perturba en la obra, que llegas al final para quedar sin cierre, para descubrirte un poco menos convencido de todo lo que habías supuesto

Quiero escribir sobre un libro, pero no lo tengo conmigo. Puedo escribir de memoria, googlear, puedo tomarme licencias literarias como decir: “si tuviera el libro al lado del teclado, mi texto sería más fidedigno, pero menos creativo”, puedo… No importa; el caso es que me molesta no encontrar las cosas donde deben estar.

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Tal vez eso es lo que perturba en Sistema, obra teatral de Abel González Melo, que llegas al final para quedar sin cierre, para descubrirte un poco menos convencido de todo lo que habías supuesto. No te engañes: no se trata de que el autor permita al lector decidir cómo quiere terminar la historia; en realidad, resulta la herramienta que mejor le sirvepara probar la tesis de su pieza: “la verdad” es engañosa.

Tan engañosa que, –esto lo recuerdo perfectamente, aún sin poder releerlo– el dramaturgo recomienda en el epílogo, a cada actor de una potencial puesta en escena, defender la de su personaje con absoluto convencimiento. 

Y es que, aunque el oportunismo permea por momentos las actitudes de los individuos; aunque las circunstancias no son del todo favorables a la versión de ninguna de las partes –¡qué raro!–;aunque, cuando de asuntos de esa índole se trata, los hechos suelen ser los que por dolorosos se preferiría que no fueran… no hay en el texto una brecha que permita discernir quién está ¿mintiendo?. A penas, si acaso, quién podría beneficiarse más con lo que se plantea pero, ¿realmente vamos a hablar de beneficios?

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Para entendernos mejor:

Un grupo de amigos, artistas e intelectuales cubanos, están reunidos en España cuando se enteran de que un coterráneo, cercano a varios de ellos, ha sido acusado de un delito escabroso en Estados Unidos. La noticia los impacta. Esa noche, en la urbe europea –¿Madrid, Barcelona, Valencia?-, intentan poner en perspectiva lo que saben; en algún momento de ese día, o de otro, Abel González Melo (La Habana, 1980), decide escribir a partir del suceso.

Ahí yace el germen de una historia que no busca retratar acontecimiento alguno, sino poner en crisis las certezas, contando como materia prima con la amplia y florida cobertura de prensa brindada al escándalo real.

En la ficción: un pintor cubano con posturas cercanas al gobierno de la Isla es acusado de pederastia mientras visita Miami, por los primos de su esposa, padres de un niño cuya versión no llegamos a conocer nunca de primera mano.

Desavenencias matrimoniales en ambas parejas que hacen a un cónyuge cuestionar al otro y, por transitividad, al lector cuestionar al personaje; mediaciones políticas; caracterizaciones deliberadamente estereotipada –de los inmigrantes recién llegados, de los artistas enajenados, de los profesionales trapicheros–; intrigas sentimentales, sórdidas confidencias, problemas económicos que normalmente serían el telón de fondo, se alzan aquí como protagonistas de la trama: la cuestión no es qué pasó, nunca lo sabremos… la cuestión es cómo se articula lo que pasó con lo que se cree y lo que se dice.

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Sistema se alzó con la Mención de Honor del Premio Casa de las Américas en el año 2014 y mereció el Premio de la Crítica Literaria. Asimismo, en 2017,recibió profusos aplausos cuando fue llevada a las tablas por Argos Teatro.

Con dichas cartas de presentación, sobra ahondar en méritos literarios. Baste extender la invitación, incluso para aquellos negados a “leer teatro”, con la promesa de que se trata de un texto delicioso: dinámico, repleto de detalles significativos y secretos apenas insinuados. Uno de esos libros que, si te descuidas, alguien podría llevarse de tu mesa de noche, haciendo imposible que puedas citar de manera fidedigna cuando escribes sobre él.

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